sábado, 21 de mayo de 2016

¿Qué hay del mundo en el que vives?

Tres años y ni una gota de lluvia, eso es la guerra”. ¿Crees que podrías ser capaz de ir a cualquier rincón escondido de África y decirle a una mujer que ha pasado por cinco partos, de los cuales dos fueron fallidos, que estás en contra del sistema? ¿que no te gusta cómo funciona el mundo?
La desigualdad no es un tema de polémica mundial, es una lucha en la que todos los días muere gente: gente destinada simplemente a pasar una vida de perros para morir por el tifus, cólera o sarampión. Gente que no tiene ninguna culpa de todos los derechos que le roban día a día, y gente que nace sin saber lo que le espera, y muere sin saber por qué le tocó vivir eso.
Y es que a fin de cuentas lo pienso y digo ¿por qué la vida es así? y mi respuesta cae en el dinero. O lo tienes o no. Si lo tienes, podrás comprarte 7 pares de nike, una casa en Malibú y un Ferrari rojo con llantas de diseño. Y si no lo tienes, tu vida se resumirá en coser nike, construír casas o estudiar mecánica. Depende también en la zona del mundo en la que vivas. Si tienes la suerte de nacer en Wyoming, Londres, o en Nueva York, podrás tener un arma y una casa, aunque sea un cochitril. Sin embargo, si tienes la mala suerte de nacer en Etiopía, o en medio del desierto del Sáhara, o en Siria, o en cualquier lugar subdesarrollado, no podrás tener un arma, ni una vivienda, y probablemente tampoco tendrás comida, ni bebida, ni mucho menos zapatos o pijadas innecesarias para sobrevivir.
He de admitir que estoy siendo radical, es decir, estoy hablando de extremos. Trato blanco o negro, porque el gris es un color que solo me gusta para jerseys. Pero realmente es así, es decir, la vida se resume en rico o pobre, los del medio somos irrelevantes. Tenemos un poco de todo, pobreza y riqueza, y cerramos los ojos cuando vemos en las noticias a un niño filipino de 1'50 metros que pesa 34 kilos, ¿que podemos hacer? Es lo que se pregunta todo el mundo. Alguno decide decir “el mundo no va a cambiar por mi grano de arena, asique me centro en lo que me incumbe, mi vida, mi casa, mi trabajo o mis hijos”. Algún otro, no puede calmar su conciencia y decide donar diez euros al mes a cualquier ONG que hace publicidad entre los programas rutinarios de telecinco o cualquier otra cadena. Alguno incluso decide hacerse voluntario y partir para cualquier parte pobre del mundo con el dinero que puede ahorrar para integrarse en la miseria. Desde aquí te digo que si eres de los del primer tipo, deberías de cuestionarte las cosas, y si eres de los del segundo más aún. Incluso deberías de admitir que tu cinismo e hipocresía no tiene límites (sobre todo si el anuncio aparece en Telecinco).
Personalmente, creo que no puedes intentar cambiar el mundo si no empiezas por cambiar el tuyo propio. Y también creo que ningún país de África, ni Asia, ni cualquier otro que no esté en pleno desenvolvimiento, necesitaría ningún tipo de ayuda si los otros países, esos que presumen de ayudarles, llevarles comida o declarar premios de la paz (ahora hablo principalmente de USA), dejasen de robarles lo que tienen. El oro, los diamamtes, el carbón, el petróleo...Todo lo que un niño pijo necesita para cumplir sus propósitos y caprichos es lo que les falta a otros millones de niños y niñas para poder llevarse un plátano a la boca o beber para no morir de deshidratación. No te engañes, o mejor dicho, no te dejes engañar: nadie necesita ayuda en este mundo, solo se necesita que la gente deje de robar a la otra gente. Hablas de amor, igualdad, vas a misa para ser buena persona y luego cambias de canal cuando aparece una persona muerta por disparos o por hambre. Es un sentimiento extraño el sufrir, y aun así parece que solo lo sentimos cuando está cerca.
¿Cuantas personas mueren día a día en Siria? ¿O en Kazajstán? ¿No te importa, no? solo es importante cuando los atentados llegan a nuestro país. Deja de pensar en tí mism@ por un momento y abre los ojos ¿en que clase de mundo vives? ¿Quieres seguir viviendo en el, o estás dispuesto a intentar cambiarlo? Tú decides si prefieres seguir viendo a gente sufrir o no. O al menos, tú decides si quieres seguir haciendo sufrir a esa gente.